¿Inclusivo? ¿Transformacional? ¿Para el cambio? ¿Para entornos VUCA? Parecen muchos, como si todos fueran lo mismo, pero con distintos apellidos. La pregunta es por qué no hablar sólo de liderazgo.
Quizás un buen principio sea hablar del liderazgo a secas. Una de las definiciones es emprender acciones en tres ejes: ordenar en el sentido de procurar reglas claras y equilibrio; proteger, gestionando las circunstancias que pueden incidir negativamente en el equipo y orientar en tanto aclarar roles, mostrar un camino y proponer una idea de sentido.
El ejercicio de este liderazgo tiene lugar en un contexto que está dado, por ejemplo, por el tipo de organización. De ese modo, si es una transnacional, una empresa familiar, si es privada, una ONG o una organización gubernamental nos da una primera luz sobre qué tipo de liderazgo están necesitando.
También podemos hacer foco en el problema que requiere ser destrabado o en el desafío que tienen para el futuro. Si hablamos de una organización global que tiene políticas de diversidad que son completamente nuevas a nivel local es una cosa; si la compañía en cuestión es de origen familiar, acaba de ser absorbida por una estructura regional y nadie sabe cómo manejar las reglas nuevas es otra cuestión completamente distinta.
Cuando vemos la diferencia entre liderazgo, contexto y desafío ganamos la posibilidad de saber con qué foco hay que actuar. También podemos saber si la prioridad es definir cuál es la solución que necesitamos o si es mejor dirigir nuestra mirada al escenario donde estamos situados.
Lo realmente importante es afinar el ojo para ver los contextos y para hacer una lectura apropiada de los problemas que se necesitan resolver o los escenarios a los que hay que adelantarse para asegurar la continuidad operativa de la organización.
Sin embargo, observar dentro de una organización cuando se es parte de ella no es una cuestión sencilla porque implica mirar el juego desde la misma cancha en la que se está jugando. El desafío necesario es desdoblarse para poder mirar la situación con ojos “extranjeros”. En tal caso, aparece una de las destrezas centrales del líder: la capacidad de autodiagnóstico, de tomar distancia emotiva de la situación y mirar. Esta habilidad también implica saber mirarse, adquirir una actitud que permita despejar los supuestos, sacarse de encima la historia y mirar con los ojos del aprendizaje.
Alguien capaz de soltar el “no tengo tiempo para esto”, el “yo ya sé cómo es mi organización” tanto como el “yo sé como funciona este negocio” o “ya se para dónde va la micro”, y sumarle la capacidad de mirar el estado de ánimo de la organización, ¿están todos disponibles para “abramos posibilidades que seguro que las hay” o en “hagamos lo que se pueda con la situación como está”?
Miedo, alegría, resignación, entusiasmo, abundancia, escasez, grandeza, pequeñez, suficiencia ¿desde qué vereda estás definiendo qué liderazgo necesitas ejercer?